
Al abrir los ojos un nuevo amanecer empezaba, nunca hubiese sospechado que cambiaria el esquema habitual de mis días.
Sentado junto a la ventana disfrutaba del paisaje, unos de los pocos privilegios que me daban, mi contemplación fue interrumpida por una voz.
-¡Tiene visitas!- Exclamo el enfermero.
- ¿Visitas?- Balbucee un poco desorientado.
- ¿Qué nunca pensó que las tendría?- Respondió ya un poco con indignación.
-No, No!! – Me apresure en responder, lléveme hasta donde están aquellas personas. Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien se preocupo por mí.
Me introdujeron dentro de un cuarto con solo una mesa, colocaron una silla frente a ella y me hicieron sentar, aguarde por unos 15 minutos, cuando finalmente la puerta se abrió. El primero en entrar fue un señor alto, de tez blanca, vestía muy formal, aunque creía reconocerlo, su cara no me era familiar, lo acompañaba una mujer muy bonita, fina en sus movimientos, pero muy observadora, me mantuvo siempre su mirada como queriendo encontrar algo en mi.
-Así que usted es el señor Humes- fue lo primero que dijo el señor, mientras me estrechaba su mano.
-Si el mismo, ¿Pero quien es usted?- Respondí.
-Seguramente ya no me recuerda ha pasado mucho tiempo-
La señorita aun se mantenía muda, solo movía sus manos para acomodarse el cabello.
1 comentario:
ME GUSTOO LO QUE ESCRIBIS..MW ALEGRO MUCHO Q ESTES DELEITANDO A LAS PERSONAS CON TUS ESCRITOSS... UN ABRAZOO LOCO!!!
Publicar un comentario